La boda de Ana

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Ana y yo nos conocimos en la cafetería del hospital. Ella quería quedar para hablar de su tocado de novia, y yo tenía que llevar a paxarito al cardiólogo. Así que unimos agendas, y allí, entre médicos y el biberón, nos hicimos amigas. Digo amigas y eso que sólo nos hemos visto un par de veces, pero es que es imposible no querer a alguien que se ríe con los ojos y te hace cómplice en cuanto te ve. 
Yo daba de merendar al por entonces enano paxarito, y mientras ella me contaba cómo le pidió a su novio que se casara con ella (“el pobre no tuvo más remedio que decirme que sí”, me decía, ¿a que es imposible no quererla?), que era diseñadora y tenía un pequeño taller con una amiga donde hacían vestidos especiales, y que de hecho estaban confeccionando juntas su vestido de novia. Hablamos de moda, de vestidos, de telas, de blogs, de bebés, de emprender… 
Hablamos de su vestido, de estética romántica de principios de siglo y un punto actual. Un vestido caramelo, con frunces en la parte de atrás que recordaban al polisón del siglo XIX, tela de tul de algodón y tiras bordadas y puntillas cosidas a mano por todo el cuerpo.
Y también hablamos de su canotier con plumetti y flores empolvadas, y de la corona de flores azules que quería ponerse para el baile. Hay encargos que hacen especial ilusión, y éste ha sido uno de ellos. 
Les contaré más cosas de Ana y sus vestidos maravillosos. De su pequeño taller que ya está en marcha. De su bonita marca que en breve echará a andar. Pero de momento, les dejo con las fotos de su boda, con su vestido caramelo y su canotier. Espero que les gusten tanto como a mí.

 

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