La boda de Bigudíes

Creo que una de las partes más bonitas de una boda son los momentos previos. Esos en los que la madre prepara café, una hermana se emociona, alguien guarda el ramo en la nevera, todo el mundo hace fotos, la novia ríe mientras la peinan… Es todo muy caótico y a la vez muy íntimo. Se dicen esas cosas que nunca se dicen, porque el amor se suelta, y la vergüenza un poco también. Y ya que estamos, van saliendo te quieros a mansalva, entre rulos, pintalabios, ligas y cafés. Recordarán a Ana porque tiene la peluquería más bonita de Valencia. Cuando me envió las fotos de su boda fue como meterme dentro de todo ese follón precioso de preparativos y nervios previos. Ha pasado casi un año desde entonces: me ha trenzado un par de veces, me ha puesto mechas californianas, me las volvió a poner porque me veía poco rubia y hasta me cortó un flequillo que me volvió a crecer. Hemos seguido hablando de negocios, melenas, revistas e incluso de bebés, porque está a punto de dar a luz. Hasta hoy, que me he visto el pelo bufado y sin gracia. Y antes de lanzarme a sus brazos, he querido publicar ese post pendiente, el de su boda bonita y otoñal. 

“Una de las mejores cosas fue tener a la gente más importante tan cerca desde el primer momento. Abrir los ojos a las seis de la mañana con mis dos personas, una a cada lado de la cama y tenerlas todo el día tan pendientes. La primera parada fue en Los Bigudíes de Rubíes (se comenta por ahí que son especialistas en recogidos de novia), donde me esperaba Sandra para peinarme y mi Ana Albiol para hacer magia con sus brochas (y vaya si la hizo).

 

 

Los tocados eran de Lucía Be, un tocado de hojas otoñal para el principio y una corona de paniculata para la fiesta. Me sobró con una conversación de cinco minutos para recibir un preciosos paquete (de esos que prepara ella que hacen que te caiga la lagrimilla al abrirlo) con estas joyas que casaban a la perfección con el peinado que yo había imaginado.

Los zapatos fueron un regalo de mi hermano, así que dicho y hecho, me compró unos Jimmy Choo (Sí, además de generoso es guapo). La elección del vestido fue muchísimo más fácil de lo que hubiera imaginado. Entramos en La Boheme por pura diversión y desde el primer minuto me quedé totalmente enamorada, tanto de la tienda como del personal y por supuesto de los vestidos. Todos los que me probé eran absolutamente preciosos pero el primero de todos fue el elegido.

 

No cambiaría nada, desde que amanecí a las seis de la mañana hasta las seis de la mañana del día siguiente que llegábamos al hotel. Todo el día estuvo lleno de momentos muy especiales y que guardo con mucho cariño. Para mí lo mejor del día fue sin duda la gente con la que compartimos. Reunir a todas las personas a las que quieres en el mismo espacio y hacerlas partícipes de nuestro matrimonio. Mis momentazos favoritos del día fueron la entrada en la iglesia, la cara de Paco en ese momento es algo que me llevo para siemore. La entrada en el conite, sonando de fondo ”kamikazes enamorados” de Quique González. La sorpresa de mi cuñado cuando nos plantó a un Drag Queen para amenizar el principio del baile, mi suegro dándolo todo con el negro de dos metros… Pero lo mejor de lo mejor, despertar al lado de mi marido al día siguiente y saber que era la primer de muchísimas mañanas de felicidad”

… más bodas silvestres y bonitas, aquí

5 comentarios