La boda de mi amiga Ester

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“Nos conocimos en 2005, un fin de semana en la sierra de Madrid. Teníamos diecisiete años. Él siempre dice que cuando me vio, se giró a su amigo y le dijo: ¿Ves a esa morena del fondo? Pues me voy a casar con ella“. 
La morena es Ester, y se hizo la loca y dio guerra hasta se dio cuenta de que estaba terriblemente enamorada de Jesús, el tipo a quien debemos esta bonita historia. “Yo siempre quería dejarle”, me cuenta, “Iba en el autobús ensayando mi discurso, pero cuando estábamos juntos me hacía sentir especial. Y así, sin darme mucha cuenta, descubrí que estaba que me moría por él”. 
Después de nueve años de paseos por el Madrid de los Austrias, largas conversaciones y pipas con limonada en el césped del Retiro, efectivamente, se casaron. Y yo, que ya tenía cuadrada la agenda de bodas del año, mi vi sorprendida cuando recibí la invitación en el buzón de casa. Es una de las partes más bonitas de este trabajo: tras un montón de visitas a mi taller en Madrid, largos e mails y muchos sombreros, Ester y yo nos hicimos muy amigas. Me planté en su boda con pamelón y bombo de siete meses, y puedo decir que es una de las más bonitas a las que he ido.
Pero es que Ester y Jesús son de esas personas con quienes todo parece fácil. “El año de preparativos ha sido muy dulce. Hemos disfrutado cada paso, cada decisión. Uno de nuestros grandes miedos era perder nuestra personalidad ante la vorágine de banderines, recenas, photocall y todas las aplicaciones sin las cuales parece que no tienes LA BODA. No queríamos perder de vista lo importante: que ese día, él y yo, Jesús y Ester, nos íbamos a casar“.
Para el vestido, Ester eligió Lamaryé, el taller de novias que ha montado Ana, otra de mis novias con canotier (¿recuerdan?). Me hace especial ilusión, porque se conocieron en nuestro picnic silvestre, hace ya un año. Y entonces, empezaron a tramar lo que sería el vestido: una pieza sencilla de corte espectacular, hecha en crep satén, adaptado al cuerpo y con mucha caída. Todo: enaguas, botones, sisas, presillas… estaba cosido y hecho a mano, con un toque rosa empolvado en las mangas. Como complemento, nuestra corona paniculata, con flores secas en tonos rosados y crudos. Del peinado y el maquillaje se encargó una de sus hermanas pequeñas. 
La boda, preciosa. Llena de niños, familias, flores y gente bonita. “Fue justo como habíamos pensado, imaginado y hablado que sería. Y desde entonces, cada día mejor. Aprendiendo a vivir juntos, bailando en la cocina mientras preparamos la cena y muriendo de la risa cuando nos llaman al teléfono y nos preguntan si vivimos en una cueva, del eco que hay en casa porque no tenemos nada de nada. Pero es mentira, porque en realidad, lo tenemos todo”.

 ♥   Fotografía: Rox and San 
♥   Vestido: Lamaryé 
 ♥   Corona de flores: Lucía Be 
♥   Celebración: Hipódromo de la Zarzuela 
♥   Meseros y papelería: Lucía Be 

10 comentarios

  • 10 septiembre 2014

    Que historia tan bonita 🙂 ¡Y que vivan las novias con personalidad!

  • 10 septiembre 2014

    Una novia muy guapa y una historia preciosa

  • 10 septiembre 2014

    Me encanta cuando dice que no quería perder lo importante, porque es cierto, es muy bueno celebrar y todas las cosas que hacen de la boda una fiesta pero ese día lo más importante es cómo se sientan esas dos personitas 🙂

  • 11 septiembre 2014

    Estoy llorando de la emoción completamente!!! Me encanta la historia y cómo la dibujas tu!!! Fantástica!!!

  • Anónimo
    14 septiembre 2014

    precioso

  • Susana
    20 junio 2016

    Utilizo el dia de su boda,Magic Noir de Lancome ese es mi perfume durante miles de años una eleccion magnifica, me ha gustado muchisimo verlo como eleccion de un dia tan importante, hasta en la foto es bonito, gracias Lucia por tanto.