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Pepinos culones

La cosecha de este año ha salido regulera. Hace un par de meses vino Pablo con unos pepinos. Coincidió que estaba Mari, la vecina, que no calla. «Esos pepinos son culones», le espeta. Y el otro, cabizbajo, «como la vida, nunca sabes cómo te va a salir».

Me quedé con los pepinos culones, que efectivamente estaban amargos de la muerte. Pero fíjense que acabamos cogiéndole el gusto. Las ensaladas y gazpachos tenían un punto diferente. Pablo traía pepinos sin descanso, y nosotros para dentro. Todo sea por dar salida al campo y no darle un disgusto a Pablo, que tan feliz venía con sus culones.

Hemos entrenado un paladar a prueba de amargor e inventado salsas mágicas que lo disimulan todo. Pero la verdad de la vida es que mis pepinos culones no molan, no colarían en ninguna cadena de supermercado. Tampoco mola ser culona una misma, y aquí me tienen, entre el running y el helado de noche, a ver quién gana.

Supongo que en realidad no hace falta molar tanto. Eso dice Pablo, y eso digo yo también.

«Pero es que Pablo, tú molas mil». Y él se ríe desdentado, y yo a su lado, culona, aún me río más. Ya veremos qué tal se da la siembra ahora…

 

15 comentarios

  • 9 octubre 2015

    Hola Lucía! Somos nuevas en tu blog y por aquí nos pensamos quedar. Un relato divertido y muy certero 😉

    Un besito y hasta la próxima lectura

  • 9 octubre 2015

    Mola mogollón este post!! Jajjjjaaa
    Te leo el próximo viernes…

  • 9 octubre 2015

    Mola mogollón este post!! Jajjjjaaa
    Te leo el próximo viernes…

  • 9 octubre 2015

    Mola mogollón este post!! Jajjjjaaa
    Te leo el próximo viernes…

  • 9 octubre 2015

    Que bueno una lectura asi como comienzo de fin de semana! 🙂 que buena eres Lucia Be! pena que la vida no te dé para escribir más, porque lo haces genial!

  • 9 octubre 2015

    Hoy después de abandonar la dieta que empecé hace una semana y de perder 200 tristes gramos… este post me viene que ni pintao! No hace falta molar tanto! 🙂

  • 10 octubre 2015

    Lo que hace falta es que cada uno mole a su manera, bon apetit con esos pepinos!!!! Da gusto leerte Lucia, siempre.

  • 10 octubre 2015

    Me encanta leerte! eres terapéutica!
    un abrazo ♥

  • Anónimo
    10 octubre 2015

    Hola Lucía! He empezado hace poco a leer tu blog por recomendación de una amiga y la verdad es que me ha encantado tu estilo, llenas de positivismo y encanto situaciones que muchas veces nos parecen aburridas. Por otra parte me siento identificada cuando escribes sobre tu pueblo, mi familia procede de una aldea al norte y es parecido lo que escribes. Cuando las repongas encargar tu agenda de lunares, preciosa!
    Muakss!!

  • 12 octubre 2015

    Totalmente de acuerdo contigo Lucia. Estamos tan empeñadas en ser perfectas en todo que llega un momento que ni molamos ni disfrutamos. En fin. Aprovecha tus pepinos culones o sin culo, disfruta de tu amigo del huerto y sobre todo no te canses de bajarnos a tierra. Cariños!!!

  • 21 octubre 2015

    Hola Lucía! Acabo de descubrirte, ¿por qué tan tarde? No sé, no tiene explicación. El caso es que me he quedado realmente impresionada con tu historia y no podía dejar de escribirte. Yo tengo 24 años, soy de Barcelona y el año pasado lo dejé todo, a mis padres, mi trabajo, TODO, por amor. Pasé de vivir en una ciudad que me encantaba a estar en un pueblo de Castellón de 300 habitantes (que en invierno se reducen a 150 máximo). He pasado épocas duras, muy duras, para qué nos vamos a engañar. Mi "plan de vida" se había esfumado sin avisar, tanto tiempo pensando en mi futuro para que después en el momento menos esperado…¡pum! Al principio todo me parecía muy raro, no aceptaba que tenía que cambiar algunas cosas para integrarme mejor, y es que aunque aparqué los tacones porque mi chico es un dedo más pequeño que yo, me empeñaba en ir vestida de princesa a todos lados. Ahora estoy ya casi adaptada, voy a la huerta a por tomates, berenjenas, pimientos ¡y hasta reconozco una lechuga espigada! De los pepinos he acabado hasta el pirri, qué manera de crecer. Hace un mes, después de darme cuenta de las aventuras de "chica de ciudad en un pueblo" que me habían pasado en el último año, decidí abrir un blog para contar mis aventuras. Se llama La ruraloide y oye, cuando releo las entradas pienso: qué feliz soy aquí. Y ya está, aquí acaba mi biblia, me hacía ilusión contártela 😀

  • 28 octubre 2015

    Gran verdad… lo mejor sera pegar esta frase en la nevera, y en la pantalla del ordenador, y en la puerta del armario, y en….. 🙂