Soleil amarillo

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Estoy haciendo muchas cosas que nadie ve. Bueno, las ve el amore que se pone nervioso porque ha sucumbido a esto de las redes, y se piensa que si no lo cuentas, no está pasando y se agobia. “Oye y todo eso que dibujas, todo eso que coses… ¿para qué?”, me pregunta todo nervioso. Yo le digo que todo a su tiempo, que ahora hay que sembrar, que no se puede enseñar todo el pescado antes de venderlo… vamos, refranes de mi madre que me encanta sacar de vez en cuando, mano de santo para cuando una no tiene mucho tiempo de entrar en explicaciones. 
Pero bueno, ayer hice una ilustración para una revista y he sucumbido. Y más hoy, que ha amanecido un día perruno y grisáceo, y sinceramente, no sé cómo narices sacar tiempo para sacar todo el trabajo adelante. Además, me he dado cuenta de que llevo un mes alimentando mal a mi pobre paxarito, pero claro, esto de vivir en un pueblo perdido y no tener referencias en lo que a bebés se refiere pues tiene su enjundia, y el pobre primogénito sufre las consecuencias del ensayo – error. En fin, que poco a poco voy aprendiendo a ser una madre de esas de manual, y además, las risas que nos echamos paxarito y yo todos los días lo compensan todo. 
A lo que iba, que ayer me pidieron un look especial con un complemento Lucía Be, y me tiré mucho tiempo navegando para buscar un vestido que me convenciera para hacer el tándem. Lo encontré en Kolonaki, una marca de dos chicas que hacen unos  vestidos de morirse del amor, con plumetti, gasas, lazos… y unas faldas que ya he fichado yo para cuando llegue el solete. Además, ahora están de rebajas y es un modo de esos de apoyar al emprendedor y hacerse con algo especial que no va a tener mucha más gente. 
Es un look versátil que vale tanto para una boda de día como para una mañana de paseo y vermouth con aceituna. No se preocupen, que pronto vendrán esas mañanas. Se lo digo yo, que en mi jardín, ya asoma la primavera…

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